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Inauguramos el Club de Lectura Sin Tarima. Tierra vencida, de Ann Pancake, con la presencia de Javier Lucini, traductor y editor de la obra

24 abril 2025 |19:00 a 21:00

Reservas: elrastro@sintarimalibros.com

Club gratuito con la compra del libro en Sin Tarima Libros

Comenzamos una nueva actividad en Sin Tarima Libros, con la inauguración de un nuevo Club de Lectura, esta vez nuestro, de la casa, con la coordinación de nuestra compañera Magali Bruneau, que tiene muchos clubs de lectura a sus espaldas y que lleva años haciendo uno en francés en nuestra cueva de Magdalena. Y como hay sobrada oferta de clubes de lectura en librerías y demás templos de la cultura, nos gustaría añadir algún aliciente a la actividad con la presencia en cada sesión (durante parte del encuentro) de alguna persona implicada en la elaboración del libro en cualquiera de sus facetas, o en su recorrido posterior: autor, traductor, editor, ilustrador, librero…

El club celebrará un encuentro mensual, en principio el último jueves de cada mes a las 19 horas e iremos anunciando los libros y las sesiones en su momento. No se pide compromiso de ningún tipo, abriremos plazas de inscripción para cada encuentro aunque daremos la opción de reservar para varias sesiones. Las plazas son limitadas.

 

Estrenamos el Club de Lectura Sin Tarima el jueves 24 de abril a las 19 horas, con Tierra vencida, obra de la escritora estadounidense Ann Pancake publicada por Dirty Works, que incluye varios relatos que se desarrollan en la tierra natal de la autora, las montañas de Virginia. Y para ello contaremos, en la segunda hora del encuento, con la presencia de Javier Lucini, traductor de la obra, y editor de Dirty Works.


Los habitantes de las montañas de Virginia hace tiempo que perdieron la batalla. Continúan padeciendo inundaciones y sequías, de vez en cuando incendian sus casas para cobrar el dinero del seguro, mueren desproporcionadamente en guerras lejanas y en accidentes de coche, beben más de la cuenta, se hacen daño con bastante frecuencia, lidian desde que se levantan con un asfixiante sentimiento de pérdida, tienen hijos demasiado pronto y, al caer la tarde, observan desde sus porches la imparable invasión de los bulldozers y los domingueros. Siempre fue un territorio amenazado e ignorado, ya no hay ciervos como los de antes y hasta los viejos fantasmas de los confederados parecen haberse rendido. Todo se desvanece. Dicen que si no logras escapar antes de cumplir los veinte, estás perdido. Hay un murmullo incesante en los viejos bosques: «Voy a largarme de aquí, tengo que largarme de aquí, en cuanto me largue de aquí…». Pero al final uno siempre regresa porque, por mucha tierra que se ponga de por medio, la montaña se lleva en la sangre, hace un frío de mil demonios y mañana habrá que ir a Four Square a por leña.

Estos relatos se las ingenian para ser al mismo tiempo crudos y líricos, apasionados y hermosamente contenidos. El estreno por todo lo alto de una escritora extraordinaria. Andre Barrett

 

Ann Pancake, la mayor de seis hermanos, creció en los bosques de Virginia Occidental, jugando con las patas despedazadas de los ciervos que cazaban sus padres y sus tíos, acostumbrada a ver cómo la comida se mataba, se despellejaba y se descuartizaba. Detrás de su casa, a poco más de un kilómetro, aún resistían las trincheras de la Guerra de Secesión, plagadas de fantasmas y de historias que se contaban a la hora de la cena, de generación en generación, sobre todo historias de yanquis que salían de la espesura para saquear las granjas. Un territorio devastado por la violencia. Un territorio que, desde las Guerras Indias hasta las revueltas mineras del principios del siglo XX (que Ann inmortalizaría en su primera novela), no ha tenido tregua y que, durante la infancia de Ann, se vio cada vez más acosado por la desindustrialización, la pobreza rural, la destrucción medioambiental y el desprecio de la cultura dominante. Altas tasas de desempleo, adicción, sobredosis y suicidio. Caricatura y estereotipo mediático. «Hicks» y «hillbillies». Gente tonta y holgazana. No es de extrañar que todo lo que leyese Ann en esa época (tuvo la suerte de crecer en un hogar liberal de clase media, rodeada de libros) fuesen historias sobre irse. Así es que, como tantos otros que no lo conseguirían, desde muy pequeña, Ann soñó con escapar de Virginia Occidental, el estado más pobre y, según una reciente encuesta, el más triste de Estados Unidos. Para pagarse los estudios en la Universidad de Virginia, trabajó en cadenas de montaje, en restaurantes de comida rápida y en un supermercado. No hablaba mucho para que no le delatara el acento y la gente se pusiera a hacer suposiciones sobre su inteligencia, su clase, sus ideas políticas y su nivel de sofisticación. Estaba trabajando en un Wendy’s cuando se graduó y le salió un trabajo en Japón (enseñando inglés con acento de los Apalaches). Desde entonces, todo fue poner distancia: Albuquerque, Samoa, Tailandia…, pero lo único que consiguió fue fortalecer el vínculo emocional y cultural con su estado natal. Tierra vencida fue su primer libro. Su regreso a casa. Ganó el Katharine Bakeless Nason Fiction Award. Actualmente vive en Seattle, pero vuelve dos o tres veces al año a Virginia, porque las montañas de allí son otra cosa.

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