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Enrique Bueres acompaña a Avelino Fierro en la presentación del diario Días sin rostro

Fui anotando en ese tiempo el difícil respirar del mundo, su sonido, que era como un eco del tamborileo de la muerte. Quise registrar en el papel las idas y venidas del miedo, la acidia y quebranto de aquellos días a la espera de la piedad de un dios, respirando una luz oscura. Tantas veces solo, mirando el destello horizontal y desmayado de las tardes. Temor y temblor.
Ahí dejo, al inicio, unas páginas —leídas una vez en público— sobre los libros y la vida. Y anotaciones sobre esos dos años insólitos y salvajes. Y otros textos, fragmentos de horas, jornadas o noches que no acabaron de escurrirse entre mis dedos. En unos percibiréis un murmullo, un tintineo; en otros, al recorrer su camino y entre una nube de polvo, podréis oír cómo en aquellos días creció el silencio.
Avelino Fierro. Empezó a publicar sus diarios en el año 2014 cuando el volumen Una habitación en Europa reunió los de los años 2010 a 2012; en 2015, bajo el título Ciudad de sombra, reunió los correspondientes a 2013 y 2014; y en La vida a medias, los de 2015 y 2016; el libro de 2019, Contra tiempo, fue la cuarta entrega. Ha publicado algunos cuentos y ha colaborado en las revistas literarias Clarín, Suroeste o Sibila. Durante 2019 publicó una serie de prosas tituladas Calendario en la revista cultural digital Tam Tam Press.
Estatuas de sal es una colección de treinta cartas escritas entre el 13 de marzo y el 12 de abril del año 2020, en pleno confinamiento durante el estado de alarma. El diarista Fierro nos sumerge en «el tapiz colorido», como bien ha descrito el poeta Jordi Doce, de su mente culta y singular, ávida de arte y literatura, para recordarnos lo que realmente importa: las esencias vitales y existenciales, la hondura del pensamiento simbólico, la sencillez de una conversación. La intimidad pletórica, lecturas y recuerdos que el autor comparte con sus buenos amigos, crean un emocionante mosaico de vivencias e ilustración.